6 de diciembre de 2010

El editorial de Diario Libre del Lunes Amarillo

Camilo Venegas,
Campo de Texto

El sábado en la mañana las portadas de los medios impresos de República Dominicana tenían algo en común. Por eso me entusiasmé a comentarlo en mi muro de Facebook: “Ninguno de los periódicos reseña la campaña por el 4% ni lo que sucederá el lunes. Esa es una de las razones por la que los medios tradicionales pierden cada vez más terreno. Entre los intereses de sus propietarios y la abulia de sus redacciones, están perdiendo el norte y cediendo su espacio (y su rol) a las redes sociales”.
Hoy, en cambio, el panorama fue diferente. Ya les fue imposible ignorar el impacto de lo que estaba pasando. El Día tiñó su primera plana de amarillo y su director, Rafael Molina Murillo, en el lugar del editorial dejó un espacio en áureo. Con mayor o menor destaque, todos los periódico lo reseñaron. Pero fue el Diario Libre quien puso una rara nota discordante, dejando claro que los que están al frente de su línea editorial no entienden el cambio que ha producido la Web 2.0 en los medios de comunicación y en la sociedad.
Lo primero que asombra a Diario Libre es que el movimiento a favor de que se cumpla la Ley y el Estado dominicano invierta en educación el 4% de PIB, no sea auspiciado por “los tradicionales dirigentes de sindicatos, políticos, trabajadores, o personas de los barrios marginados, empresarios, profesionales, religiosos y representantes de la clase media y alta de la sociedad”. En realidad, todos esos que se mencionan ahí están involucrados en la campaña, lo que pasa es que ya no necesitan a los diarios para expresarse y es eso lo que tiene a los editores de Diario Libre desconcertados.
Luego, en su columna, el director parece más preocupado por las comunicaciones del Gobierno que por el hecho social en sí. Adriano Miguel Tejada dejó para el final lo más inexplicable de sus palabras: “Lo más irónico de todo es que la lucha es dirigida por personas de clase alta y media que tienen sus hijos en colegios privados o han estudiado en esos centros de élite”. ¿No será justamente eso, la educación privilegiada que han recibido, lo que les da la posibilidad de advertir lo que otros, por permanecer en la oscuridad, no pueden ver?
El editorial del Diario Libre del Lunes Amarillo demuestra dos cosas: Primero, lo despistados que están muchos medios dominicanos del momento que se vive en las comunicaciones. Segundo, que los diálogos ya no solo se establecen entre los que tienen el poder y los que tienen para pagar una imprenta. Una cuenta de Facebook o de Twitter es gratuita, pero puede ser tan efectiva como un costoso edificio con una abultada redacción.

29 de noviembre de 2010

Un día demasiado “sexy” para comunicar

Camilo Venegas,
Campo de Texto

Hoy fue un día demasiado sexy para la historia de las comunicaciones. Comenzó con las verdades incómodas de Wikileaks y acabó con la muerte de B. B. King. A media mañana, se hablaba de la victoria de Roger Federer en la Copa de Maestros. Al anochecer, solo había espacio para el insultante baile del Barça.
Antiguamente se escribía para la posteridad. Aun cuando los periodistas estaban conscientes de su efímero oficio, ejercían pensando en su bibliografía pasiva. Ahora los titulares duran minutos y una gran idea puede acabar siendo tan efímera como la más disparatada de las ocurrencias.
El lunes 29 de noviembre de 2010 ocurrieron de una vez muchas de esas cosas que los viejos periodistas preferían por separado, para tener a mano la carne fresca de los titulares. Por eso, cuando se empezaban a engolosinar con todo lo que ofrecía Wikileaks, ganó Federer. Llegado el momento de hablar del genio de la raqueta, el Barça la emprendió contra el Real Madrid y, con una “manita” (5 a 0), escribió eso que los clásicos llamaban “una página de gloria”.
Justo en el momento en que los titulares sobre lo ocurrido en el Camp Nou comenzaban a “florecer”, desde Estados Unidos se filtró la noticia de que B. B. King acababa de fallecer. Minutos después, afortunadamente, se confirmó que solo se trataba de un rumor.Si aún estuviera vigente aquel periodismo a la vieja usanza, donde todos esperaban el titular de la mañana, ¿quién decidía esta noche esa frase demoledora? Hoy fue un día demasiado "sexy" para comunicar, pero las redes sociales se lo tragaron sin eructar.
Ya todos hablan de otra cosa.

24 de noviembre de 2010

La desesperante fascinación por Carnivàle

Camilo Venegas,
Campo de Texto

De un tiempo a esta parte las series de televisión me entusiasman mucho más que los estrenos en el cine. Prefiero un capítulo de Mad Men, Two and a Half Men o Big Bang Theory que la mayoría de las cosas que se estrenan en las salas. Desde que puedo grabar en la caja del cable, he logrado anticiparme a las sorpresas y, sobre todo, sortear todos los anuncios publicitarios.
Gracias a eso, puedo probar la primera afirmación de este post. En casa tenemos todos los paquetes de películas, sin embargo es en TCM donde más grabaciones programamos. El resto del espacio en el disco duro lo ocupan los estrenos y las repeticiones de las series que más nos gustan. Rara vez grabamos una película reciente, no tenemos tiempo para ellas.
Hace días busqué en los meses por venir si HBO (esa admirable fábrica de maravillas) tenía previsto la repetición de Carnivàle. Luego, en internet, di con la noticia de que se acaba de lanzar un pack que contiene la colección completa de  Carnivàle. 12 discos con las dos temporadas y un libro de 80 páginas que incluye material gráfico inédito.
Desafortunadamente, HBO decidió abortar la tercera temporada de Carnivàle por los elevados costos de producción. Ni siquiera los blogs y los fórum de los fans de la serie lograron persuadir a los ejecutivos del canal, que prefirieron hacerle caso a su olfato para intuir donde acaba el éxito y comienza el declive.
Estoy entre los que se quedaron colgados de la desesperante fascinación por Carnivàle. Esa pesadilla itinerante que Daniel Knauf situó en la región más fantasmagórica de la Gran Depresión, me sigue pareciendo una metáfora inmejorable. Desde que David Lynch hizo El hombre elefante, nadie había retratado el inframundo del circo con tanto ingenio.
Lo dicho, las series se han adaptado mejor a esta época donde la gente necesita crear comunidades y dialogar permanentemente. Al cine le ha costado más trabajo entender la era 2.0, ni siquiera dedicándole una película a los creadores de Facebook lo logra de manera efectiva.